Al Borde de la Razón

Este Blog forma parte del proyecto narrativo Los seis momentos clave de mi vida, bajo la dirección del maestro Sandro Cohen dentro de la materia Redacción Universitaria del departamento de Humanidades, División de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco.

mayo 26, 2013

UN ENCUENTRO CON LA MUERTE


Fue un día soleado a mediados de marzo, cuando salía de la primaria, iba en sexto; eran más o menos las 2:30 de la tarde; mi mamá y yo nos disponíamos ir a la casa para comer cuando en el camino vimos como se nos atravesó una camioneta “Pick-Up” sin poder hacer nada.

Todo nos dio vueltas, no dolió, simplemente cuando reaccioné, abrí los ojos y vi a mi mamá llena de sangre, viendo y sintiendo como me escurría sangre a mí también.

Reaccionamos las dos, intentando movernos y salir del carro que tenía el parabrisas completamente estrellado, pero era inútil, las puertas no se abrían,  como si jamás lo hubieran hecho.

A lo lejos se escucharon gritos y sonidos de patrullas y ambulancias; la gente se acercó a ayudarnos a salir del automóvil, pero ni mi mamá ni yo pudimos caminar. Ella tenía rota la rodilla y yo el pie izquierdo, y ambas, severas lesiones en el cuello.

No estábamos muy lejos de casa, y un motociclista se ofreció a traer a mi papá a la zona del accidente. Cuando llegaron, mi papá inmediatamente comenzó a llorar, pues a quien veían grave, era a mí.

Nos llevaron al Hospital de Traumatología de Lomas Verdes; no recuerdo bien que pasó en el camino, sólo recuerdo cuando estábamos ya en el Hospital y yo buscaba a gritos a mi mamá desde la camilla.

Pasaron alrededor de dos horas cuando mi hermana, quien es doctora, llegó a donde estaba yo y, llorando, me dijo: “No logré reconocerte, si no es por la pulsera que traes”.

Pasados unos minutos, me llevaron a quirófano a limpiarme la cara de cuanto vidrio traía encajado y  comenzaron a suturarme; mi hermana no me pudo acompañar.

Me dolió mucho que me cocieran, más de lo que alguien se puede imaginar. Uno de mis dientes frontales, también estaba fracturado; eso fue lo que me dolió más.

Cuando por fin terminaron,  y me llevaron a terapia intensiva, entró mi hermana  y me abrazó. Le pregunté por mi mamá y ella me contestó que no me preocupara, que mi mamá había salido antes que yo de quirófano y que estaba bien y mejor que yo.

Esto fue el 19 de marzo del 2001, dos días antes de que yo cumpliera 12 años; lamentablemente tuve que  pasar mi cumpleaños entre las cuatro paredes de un hospital.

Cuando salimos del hospital, mi mamá me dijo: “Debemos dar gracias a Dios, pues hemos vuelto a nacer”.