Fue
un día soleado a mediados de marzo, cuando salía de la primaria, iba en sexto;
eran más o menos las 2:30 de la tarde; mi mamá y yo nos disponíamos ir a la
casa para comer cuando en el camino vimos como se nos atravesó una camioneta
“Pick-Up” sin poder hacer nada.
Todo
nos dio vueltas, no dolió, simplemente cuando reaccioné, abrí los ojos y vi a
mi mamá llena de sangre, viendo y sintiendo como me escurría sangre a mí también.
Reaccionamos las dos, intentando
movernos y salir del carro que tenía el parabrisas completamente estrellado,
pero era inútil, las puertas no se abrían, como si jamás lo hubieran hecho.
A
lo lejos se escucharon gritos y sonidos de patrullas y ambulancias; la gente se
acercó a ayudarnos a salir del automóvil, pero ni mi mamá ni yo pudimos
caminar. Ella tenía rota la rodilla y yo el pie izquierdo, y ambas, severas
lesiones en el cuello.
No
estábamos muy lejos de casa, y un motociclista se ofreció a traer a mi papá a
la zona del accidente. Cuando llegaron, mi papá inmediatamente comenzó a llorar,
pues a quien veían grave, era a mí.
Nos
llevaron al Hospital de Traumatología de Lomas Verdes; no recuerdo bien que
pasó en el camino, sólo recuerdo cuando estábamos ya en el Hospital y yo
buscaba a gritos a mi mamá desde la camilla.
Pasaron
alrededor de dos horas cuando mi hermana, quien es doctora, llegó a donde
estaba yo y, llorando, me dijo: “No logré reconocerte, si no es por la pulsera
que traes”.
Pasados
unos minutos, me llevaron a quirófano a limpiarme la cara de cuanto vidrio
traía encajado y comenzaron a suturarme;
mi hermana no me pudo acompañar.
Me
dolió mucho que me cocieran, más de lo que alguien se puede imaginar. Uno de
mis dientes frontales, también estaba fracturado; eso fue lo que me dolió más.
Cuando
por fin terminaron, y me llevaron a
terapia intensiva, entró mi hermana y me
abrazó. Le pregunté por mi mamá y ella me contestó que no me preocupara, que mi
mamá había salido antes que yo de quirófano y que estaba bien y mejor que yo.
Esto
fue el 19 de marzo del 2001, dos días antes de que yo cumpliera 12 años;
lamentablemente tuve que pasar mi
cumpleaños entre las cuatro paredes de un hospital.
Cuando
salimos del hospital, mi mamá me dijo: “Debemos dar gracias a Dios, pues hemos
vuelto a nacer”.
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