Eran
vacaciones de Semana Santa del año 2006 cuando cumplí 15 años. Yo no quise
fiesta como tradicionalmente en México suelen hacer. Preferí irme de viaje.
Tengo la mejor hermana del mundo, pues me regaló un viaje a Miami y a Disney World, para
conocer cada uno por una semana. Jamás
pensé que sería tan fascinante conocer estos lugares. El clima, la gente, las
atracciones turísticas y las experiencias al lado de mi hermana y de mi prima han
sido la mejor aventura que he vivido.
Viajamos
primero a Mérida y de ahí salió nuestro vuelo de hora y media rumbo a Miami. Al
llegar allá, saliendo del aeropuerto, rentamos un coche, en el que llegamos al
departamento que ocuparíamos durante las dos semanas del viaje.
El departamento tenía dos recámaras; decidí sin pensarlo adueñarme de una por ser yo la festejada y dejé a mi
hermana y a mi prima en la más pequeña.
La primera semana recorrimos Miami, conocimos las enormes y hermosas casas de los famosos,
viajando en un barco pequeño. También fuimos a Sea World, donde mi prima
Yolanda y yo estábamos emocionadas y fascinadas con los juegos mecánicos,
mientras que mi hermana casi se desmaya.
Patricia, mi
hermana, me regaló mil dólares, los cuales gasté en ropa, en la colección de
discos de Blink 182, el cual era mi grupo favorito en ese momento, y en unos
tenis marca Adidas Concha, que
estaban de moda en ese momento.
Saliendo
del mall, al estar esperando nuestro
turno para pasar en un semáforo, llegó un coche detrás del nuestro y lo chocó.
Perdimos una tarde completa al tener que resolver lo del golpe del carro que
rentamos.
Llegó la
siguiente semana, por fin conocimos Disney World, donde entramos a un parque
por día, los cuales fueron Epcot Center, Magic Kingdom, MGM Studios y, por último Island of Adventure.
Entrar
a cada uno de ellos fue impresionante, pues todo lo que hay llama la atención.
Todos los juegos están increíbles, a pesar de ser tan fuertes en cuanto a velocidad y la adrenalina que provocan.
Uno de
los juegos que más llamó mi atención fue el Roller
Coaster, pues por fuera tenía una enorme guitarra eléctrica roja. El juego
no era el típico monorriel, sino que eran vehículos clásicos de colección y
hacían muy atractivo dicho juego.
Terminada
la semana, tomamos un vuelo de regreso a Mérida y al llegar visitamos familia
que tenemos allá. Sin duda, ha sido la mejor experiencia de mi vida, hasta ahora.
